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martes, 7 de diciembre de 2010

Raoul Hausmann.


La danza es la forma de movimiento de las funciones corporales humanas en torno al mismo sitio en muchos o en pocos instantes.
Como el andar es una modificación del lugar en el transcurso de un instante, entre los pies y la cabeza existe una importante diferenciación. Al bailar se mueve por igual todo el cuerpo. El movimiento le otorga al cuerpo en cada segundo una función local desde los pies a la cabeza.
Ninguna parte del cuerpo funciona de manera ideal, espiritual, ni erótica. Todas las partes del cuerpo tienen igual importancia para el movimiento. Todas las partes del cuerpo funcionan en conjunción unas con otras o estorbándose.
El lugar del baile es captado por las partes del cuerpo y cambia en función de la variación musical de ese instante. La música, como puro elemento instantáneo que es, no puede separarse de la danza. Los bailes sin música son siempre ideológicos, espirituales o eróticos. Pero la música debe estar desprovista de contenidos y problemas, debe ser un movimiento instantáneo, como el movimiento espacial de la danza.
Sin contenidos ni significados como el movimiento puro.
En la danza el cuerpo abarca el lugar y el instante.
Sin ideas, sin espiritualidad, sin erotismo.
La idea, la espiritualidad, el erotismo sólo pueden exigirse para aprovechar cosas circunstanciales. La danza no es algo circunstancial. La música no es algo circunstancial.
La música es el arte de modificar el tiempo.
El baile es el arte de modificar el lugar.
El arte es, al igual que la técnica, el resultado de una óptima elaboración con los medios más económicos.

Raoul Hausmann " Danza" en Der Sturm, tomo 17, nº 9, Berlín, 1927.

viernes, 9 de abril de 2010

Crimen de Agustín Espinosa.

A tí, Ernesto, esa nube rota que tiembla sobre
tu traje negro, esperando a mi alma.
Estaba casado con una mujer lo arbitrariamente hermosa para que, a pesar de su juventud insultante, fuera superior a su juventud su hermosura. Ella se masturbaba cotidianamente sobre él, mientras besaba el retrato de un muchacho de suave bigote oscuro.
Se orinaba y se descomía sobre él. Y escupía –y hasta se vomitaba- sobre aquel débil enamorado, satisfaciendo así una necesidad inencauzable y conquistando, de paso, la disciplina de una sexualidad de la que era la sola dueña y oficiante.
Ese hombre no era otro que yo mismo.
Los que no habéis tenido nunca una mujer de la belleza y juventud de la mía, estáis desautorizados para ningún juicio feliz sobre un caso, ni tan insólito ni tan extraordinario como a primera vista parece.
Ella creía que toda su vida iba a ser ya un ininterrumpido gargajo, un termitente vómito, un cotidiano masturbarse, orinarse y descomerse sobre mí, inacabables.
Pero una noche la arrojé por el balcón de nuestra alcoba al paso de un tren, y me pasé hasta el alba llorando, entre el cortejo elemental de los vecinos, aquel suicidio inexplicable e inexplicado.
No fue posible que la autopsia dijera nada útil ante el informe montón de carne roja. El suicidio pareció lo más cómodo a todo el mundo. Yo, que era el único que hubiera podido denunciar al asesino, no lo hice. Tuve miedo al proceso, largo, impresionante. Pesadillas de verias noches con togas, rejas y cadalsos me aterrorizaron más de lo que yo pensara. Hoy me parece todo como un cuento escuchado en la niñez y, a veces, hasta dudo de que fuese yo mismo quien arrojó una noche por el balcón de su alcoba, bajo las ruedas de un expreso, a una muchacha de dieciséis años, frágil y blanca como una fina hoja de azucena.

Pero ni el recuerdo de ella ni el retrato del muchacho de suave bigote oscuro se han separado jamás de mí.
En mis farsas peores , les hago intervenir a los dos, disfrazándoles a mi gusto, y decepcionándoles premeditadamente con finales demasiados imprevistos.
En una hora de inconciencia y olvido pasajeros, he hecho la elegía a María Ana, que doy en este libro. Una elegía a una María Ana que viviera ahora, en 1930, pero anterior, en mis recuerdos, al crimen, aunque no al vómito y el salivazo. Una María Ana de mis ajenos años de estudiante de Filosofía y Letras. La María Ana, en fin, del joven de suave bigote oscuro. O mejor aún: la elegía que a María Ana hubiera podido hacer tan odioso y feliz mancebo.
Para salvarla de mi crimen –de la presión del tren sobre ella y del pánico de la caída- he escrito el relato titulado “Revenant o el traje de novio”.
Aquí muere María Ana en su cama blanca de prometida, arropando el adiós con una sonrisa prestada. Si la he disfrazado de Miss Equis, ha sido para desnudarla de algún modo de su andalucismo moreno, que me hubiera obligado a volverla a tender de nuevo bajo otros trenes de la madrugada.

Luego sólo he tenido –y he realizado- el capricho explicable de reunir en mi casa, una noche, a mis buenos amigos en el anonimato. A mis desconocidos camaradas en un crimen impune: un cable eléctrico, un jazminero, una hoja Gillette, una cuna, un pene de 63 años, etc.
Frente a todos los crímenes anónimos de mis criminales huéspedes de una noche, ha permanecido mi crimen en su sitio propio de sensacional, único y gran asesinato pasional. De crimen tipo. De crimen de novela más que de crimen ocurrido.
Sobre él y sobre mis lectores caigan desde hoy mis futuras maldiciones y persecuciones, la miseria actual y las pústulas pretéritas de mi cuerpo senectuoso de narrador emocionado del asesinato propio y de los crímenes ajenos.

Yo ya sólo vivo para un estuche de terciopelo blanco, donde guardo los ojos azules, encontrados por el guardagujas la menstrua alba de mi crimen, entre los últimos escombros sanguinolentos de la vía.
Espinosa, Agustín. Crimen. Edición de Miguel Pérez Corrales.
Editorial Interinsular Canaria S.A, Tenerife, 1985. pp: 52-55

miércoles, 24 de marzo de 2010

La decalcomanía inventada por Oscar Domínguez y la descripción de Breton.









Andrè Breton: "Para abrir a voluntad su ventana a las más hermosas paisajes del mundo y de otros lugares: extienda mediante un grueso pincel algo de aguada negra, más o menos dilúida en algunos sitios, sobre una hoja de papel blaco satinado que seguidamente recubrirá con una hoja similar sobre la que deberá ejercer, con el dorso de la mano, una moderada presión. Levante sin prisas, por su borde superior, esta segunda hoja como haría para una decalcomanía, pudiendo reaplicarla y levantarla nuevamente hasta que se seque más o menos del todo. Lo que tiene ante usted a lo mejor no es más que el viejo muro paranóico de da Vinci, pero es un muro lleno de perfección. Sólo necesita usted, por ejemplo, titular la imagen obtenida en función de lo que descubre en ella con alguna distancia para estar seguro de que se ha expresado de la forma más personal y válida."
Guigon, Sueños de tinta, Centro Atlántico de Arte Moderno, 1994,pp.11-12.


martes, 23 de marzo de 2010

Claude Cahun. Antología de textos.

Respuesta a la encuesta "¿PARA QUIÉN ESCRIBE USTED?"
Commune nº 4, diciembre 1933.
Su pregunta está mal planteada. En mi opinión sólo puede implicar una respuesta cínica (o mentirosa) por parte de los escritores sin otra profesión ni recursos. Se supone que escriben para quien paga y es comprensible que les cueste conseguirlo sin engañar o halagar al cliente.
Es fácil imaginar la respuesta de los escritores revolucionarios no asalariados, aunque sean revolucionarios sin saberlo, a la pregunta de 1919 (¿Por qué escribe usted?). Con más o menos ilusiones sobre su poder de acción o de desprendimiento, escriben efectivamente para que llegue la revolución. Pero la pregunta de 1933 (¿Para quién escribe usted?), quizá habría que modificarla así: ¿Contra quién escribe usted?
Su pregunta, sin modificar, es como mínimo prematura. No puede implicar, por parte de los escritores, más que una respuesta: que sin duda, ustedes juzgarán post-revolucionaria. Escribir para todos los que saben leer, en una sociedad que no es la sociedad sin clases, significa escribir solamente para los que gozan de cierto ocio y pueden pagar, por poco que sea, libros, revistas, diarios... Los mismos Marx y Lenin no tuvieron más remedio que hacerlo. Añado que esta respuesta (y en consecuencia la pregunta que la provoca) continuará pareciéndome insuficiente durante la dictadura del proletariado. Aún después. En todos los tiempos.
Es en contra de todos los que saben leer contra quien hay que escribir, pues considero que un progreso nunca se obtiene más que por oposición. A los lectores corresponde sacar provecho de lo que el escritor ha pensado contra su pasado, con el suyo propio.
Baste decir que escribo, que deseo escribir ante todo contra mí.
A fin de cuentas, la elección de la persona, de la colectividad a quien nos dirigimos tiene poca importancia. Es como un remedio, un veneno, que hemos preparado cuidadosamente para un allegado y que mata o cura al desconocido del otro extremo del mundo. Lo esencial es no conversar con muertos y no firmar nunca un cheque sin fondos.
Claude Cahun. Institut Valencià d´art Modern. Valencia 2001. pág. 205.

viernes, 19 de marzo de 2010

Claude Cahun. Antología de textos.

Respuesta a la encuesta "¿CUÁL HA SIDO EL ENCUENTRO CAPITAL DE SU VIDA?"
en Minotaure, nº 314, diciembre 1933
Todavía espero de la vida la circunstancia fulminante que, sirviéndome de criterio, me permita dar definitivamente el paso a tal o cual encuentro cuya importancia y significación no han dejado de iluminase, de oscurecerse a mis ojos, de ganar y de perder.
El único encuentro que ha presentado un papel capital en todos los instantes de mi vida se produjo antes de mi nacimiento. Sin duda no se me ocurriría este hecho común, evidente, y que sólo puedo utilizar retóricamente si, desde que yo recuerde, no tiviera el sentimiento familiar, pero siempre irritante, de que mi destino se juega en gran parte al margen de mí y casi sin saberlo.
Esta irritación me lleva a oponer dos términos "fortuito" y "necesario". Desde un punto de vista subjetivo y fragmentario todo me parece idealmente fortuito y examino los innumerables móviles que lógicamente deberían contrarrestar la irrupción de cualquier coincidencia aislada de sus causas. Pero, a poco que me remita materialmente al conjunto de los objetos y a poco que encadene, por fuera de lugar, por desproporcionados, por imponderables que me parezcan algunos eslabones, se impone la necesidad de la aproximación más fortuita. Y lo que todavía se me escapa ya no es nada más que ignorancia.
Tantos encuentros fortuitos-necesarios se producen para cada uno de nosotro, y tan precarios, que el día más bello de nuestra vida, el más triste, bien podrían pasar desapercibidos. Así pues, admitiré que lo viví atravesándolo sin verlo, ese encuentro capital, si nombrarlo así no me indicara suficentemente que no se puede sobrevivir a él.
Claude Cahun. Institut Valencià d´art Modern. Valencia 2001. pág. 203.

viernes, 25 de diciembre de 2009

viernes, 23 de octubre de 2009

¿Qué hay de nuevo, viejo?. Grupo Surrealista de Chicago. Textos y declaraciones del Movimiento Surrealista de los Estados Unidos (1967-1999).

[...] El surrealismo no está hecho para complacer a aquellos que tienen necesidad de una «línea» política u otra: demasiado anarquista para la mayoría de marxistas, demasiado marxista para los anarquistas; demasiado amante de la poesía y de la pintura para los políticos, demasiado deseoso de revolución para los escritores y artistas; demasiado inclinado a las investigaciones teóricas para los activistas, demasiado indisciplinado para los profesores; demasiado poéticamente riguroso para los chantajistas espiritualistas, demasiado cercano a lo maravilloso para los aquejados de racionalismo instrumental; demasiado freudiano para la izquierda positivista y puritana, demasiado salvaje para los médicos usurpadores y los conservadores del psicoanálisis [...]. El surrealismo sólo puede florecer a su manera. Contra y alejado de los paradigmas dominantes [...].



Edición, traducción y notas del Grupo Surrealista de Madrid