miércoles, 31 de marzo de 2010

Alonso Quesada y el mar.

Alonso Quesada-seudónimo de Rafael Romero-nació en la ciudad de Las Palmas en 1885. Murió en la misma ciudad, el año 1925.
Alonso Quesada es el más trágico poeta de Gran Canaria. Era de rostro anguloso y macerado, como su vida y sus versos. El lino de los sueños, prologado por Miguel Unamuno, es el remanso de su pensar. El protagonista escribe: “Allí en la Gran Canaria, en aquella isla conocí toda la fuerza de la voz del aislamiento, y no fue Alonso Quesada quien menos me ayudó a que llegase a conocerla”[1]
Alonso Quesada es la encarnación del hombre de isla. Reconcentrado en sí mismo, devana el hilo de sus melancolías sobre la peña desnuda que se agrieta bajo la garra dorada del sol. Alonso Quesada siente la disnea lírica de las montañas agresivas, que se yerguen como túmulos, de las hondonadas volcánicas que se abren como necrópolis, del espumoso dogal infinito del mar milenario. Soledad de isla que ahoga, infinitud de mar que abruma. ¡Lírica disnea de isla! que con tanta sequedad y hondura supo cantar este caballero de la melancolía, “profeso caballero de la noche”. El mar en Alonso Quesada es sollozo y angustia, silencio y quietud milenaria. El mar en Alonso Quesada tiene un sentido trágico. No es el mar jocundo y luminoso de Morales. Se acerca un poco al mar desgarrado de Saulo Torón. Dogal y eternidad. Alonso Quesada es poeta hondo y fuerte, reconcentrado y metafísico como Antonio Machado. Algunas veces es más hondo que Machado, aunque menos musical que éste, pues Machado no puede negar del todo su entronque andaluz. En las rocas de las Nieves poesía de la parte del libro Situaciones líricas Romero canta:
Este mar se ha dormido hace cien años…¡Mira
que dentro de las rocas hay un encanto hecho!...
Un anillo…una flecha…¡una palabra acaso!
hará surgir la ansiada princesa de Darío…
“¡que estaba triste de esperar!”


Y en Canto a Jesús de Nazareth torna a surgir este mar hondo de Quesada:
El silencio en el mar es muy lejano…
y la quietud azul con oro y rosa
allá…por nuestra alma; que ha llegado
al Infinito en este instante puro…
El horizonte es nuestro anhelo amado
que el alma entera ha recogido, dulce,
la limosna del sol… ¡Ah, cuántos años
frente al mar!... Como ayer, hoy es lo mismo:
el alma que se aleja y se detiene
para contribuir en el ocaso…

[1] Prólogo firmado por Unamuno en Salamanca en enero de 1915; comprende desde la p.IX a la XVII del Lino de los Sueños. Para las relaciones de Unamuno y Rafael Romero véase el libro de Sebastián de la Nuñez sobre Unamuno en Canarias, ed. Universidad de La Laguna, 1964, pp.83-120.

Padrón Acosta, Sebastián. Poetas canarios de los siglos XIX y XX;
edición, prólogo y notas por Sebastián de la Nuez (1966). pp: 365-366.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La decalcomanía inventada por Oscar Domínguez y la descripción de Breton.









Andrè Breton: "Para abrir a voluntad su ventana a las más hermosas paisajes del mundo y de otros lugares: extienda mediante un grueso pincel algo de aguada negra, más o menos dilúida en algunos sitios, sobre una hoja de papel blaco satinado que seguidamente recubrirá con una hoja similar sobre la que deberá ejercer, con el dorso de la mano, una moderada presión. Levante sin prisas, por su borde superior, esta segunda hoja como haría para una decalcomanía, pudiendo reaplicarla y levantarla nuevamente hasta que se seque más o menos del todo. Lo que tiene ante usted a lo mejor no es más que el viejo muro paranóico de da Vinci, pero es un muro lleno de perfección. Sólo necesita usted, por ejemplo, titular la imagen obtenida en función de lo que descubre en ella con alguna distancia para estar seguro de que se ha expresado de la forma más personal y válida."
Guigon, Sueños de tinta, Centro Atlántico de Arte Moderno, 1994,pp.11-12.


martes, 23 de marzo de 2010

Claude Cahun. Antología de textos.

Respuesta a la encuesta "¿PARA QUIÉN ESCRIBE USTED?"
Commune nº 4, diciembre 1933.
Su pregunta está mal planteada. En mi opinión sólo puede implicar una respuesta cínica (o mentirosa) por parte de los escritores sin otra profesión ni recursos. Se supone que escriben para quien paga y es comprensible que les cueste conseguirlo sin engañar o halagar al cliente.
Es fácil imaginar la respuesta de los escritores revolucionarios no asalariados, aunque sean revolucionarios sin saberlo, a la pregunta de 1919 (¿Por qué escribe usted?). Con más o menos ilusiones sobre su poder de acción o de desprendimiento, escriben efectivamente para que llegue la revolución. Pero la pregunta de 1933 (¿Para quién escribe usted?), quizá habría que modificarla así: ¿Contra quién escribe usted?
Su pregunta, sin modificar, es como mínimo prematura. No puede implicar, por parte de los escritores, más que una respuesta: que sin duda, ustedes juzgarán post-revolucionaria. Escribir para todos los que saben leer, en una sociedad que no es la sociedad sin clases, significa escribir solamente para los que gozan de cierto ocio y pueden pagar, por poco que sea, libros, revistas, diarios... Los mismos Marx y Lenin no tuvieron más remedio que hacerlo. Añado que esta respuesta (y en consecuencia la pregunta que la provoca) continuará pareciéndome insuficiente durante la dictadura del proletariado. Aún después. En todos los tiempos.
Es en contra de todos los que saben leer contra quien hay que escribir, pues considero que un progreso nunca se obtiene más que por oposición. A los lectores corresponde sacar provecho de lo que el escritor ha pensado contra su pasado, con el suyo propio.
Baste decir que escribo, que deseo escribir ante todo contra mí.
A fin de cuentas, la elección de la persona, de la colectividad a quien nos dirigimos tiene poca importancia. Es como un remedio, un veneno, que hemos preparado cuidadosamente para un allegado y que mata o cura al desconocido del otro extremo del mundo. Lo esencial es no conversar con muertos y no firmar nunca un cheque sin fondos.
Claude Cahun. Institut Valencià d´art Modern. Valencia 2001. pág. 205.

Las figuras del erotismo en Sade y el cine. Entrevista a Michel Foucault

C: Cuando Ud. va al cine, ¿se siente impresionado por el sadismo de ciertas películas recientes que transcurren dentro de un hospital, o como en el último Pasolini, dentro de su una falsa prisión?
M.F.: Me sentía impresionado -al menos hasta estos últimos tiempos- por la ausencia de sadismo y la ausencia de Sade. Por otra parte, ambas cosas no son equivalentes. Puede haber Sade sin sadismo y sadismo sin Sade. Pero dejemos de lado el problema del sadismo que es más delicado, y quedémonos en Sade. Creo que no hay nada más alérgico al cine que la obra de Sade. Entre las numerosas razones, primero está la meticulosidad, el ritual, la forma de ceremonia rigurosa que toman todas las escenas de Sade y excluyen todo lo que podría ser juego suplementario de la cámara. La mínima adición, la mínima supresión, el más pequeño ornamento son insoportables. Ningún fantasma abierto, más bien una reglamentación cuidadosamente programada. En cuanto alguna cosa falta o viene sobreimpresa, todo se vuelve una chapucería. Ningún lugar para una imagen. Los blancos sólo deben ser llenados por los deseos y los cuerpos.
C: En la primera parte de “El Topo” de Jodorowsky, hay una orgía sanguinaria, un descuartizamiento de cuerpos bastante significativo. ¿El sadismo en el cine no es en principio la manera de tratar a los actores y a sus cuerpos? ¿Las mujeres en particular no son (mal) tratadas como los apéndices de un cuerpo masculino?
M.F.: La manera en la que se trata al cuerpo en el cine contemporáneo es algo muy novedoso. Véanse los besos, los rostros, los labios, las mejillas, los párpados, los dientes, en una película como “La muerte de María Malibrán” de Werner Schroeter. Llamar a eso sadismo me parece completamente falso, si no el retorno de un vago psicoanálisis donde la cuestión sería el objeto parcial, el cuerpo fragmentado, la vagina dentada. Hay que volverse a un freudismo de muy baja calidad para rebajar al sadismo a esta manera de hacer cantar a los cuerpos y a sus prodigios. Hacer de un rostro, de un pómulo, de los labios, de una expresión de los ojos, hacer de ellos lo que hace Schroeter no tiene nada que ver con el sadismo. Se trata de una desmultiplicación, de una efervescencia del cuerpo, una exaltación de cierto modo autónoma de sus mínimas partes, de las menores posibilidades de un fragmento del cuerpo. Existe allí una anarquización del cuerpo en la que las jerarquías, las localizaciones, las denominaciones, la organicidad, si así lo prefiere, se están deshaciendo. Mientras que en el sadismo es el órgano en sí mismo el objeto del encarnizamiento. Tienes un ojo que mira, yo te lo arranco. Tienes una lengua que he tomado entre mis labios y mordido, voy a cortártela. Con esos ojos no podrás ver más, con esa lengua no podrá ni comer ni hablar nunca más. En Sade el cuerpo es aún definidamente orgánico, anclado en esa jerarquía. La diferencia reside, claro está, en que esa jerarquía no se organiza, como en la vieja fábula, a partir de la cabeza sino a partir del sexo.
Mientras que en ciertas películas contemporáneas, la manera en la que se hace escapar al cuerpo de sí mismo es muy distinta. Se trata justamente de desmantelar esa organicidad: no es más una lengua, es algo diferente a una lengua que sale de una boca, no es el órgano de la boca profanado y destinado al placer de otro. Es una cosa “innombrable”, “inutilizable”, fuera de todos los programas del deseo; es el cuerpo vuelto enteramente plástico por el placer: algo que se abre, que se alarga, que palpita, que sacude, que abre. En “La Muerte de María Malibrán”, la manera en la que se besan las dos mujeres, ¿qué es? Dunas de arena, una caravana en el desierto, una flor voraz que avanza, mandíbulas de insecto, una anfractuosidad al ras de la hierba. Antisadismo de todo eso. Para la ciencia cruel del deseo, nada que hacer con esos pseudopodos informes que son los movimientos lentos del placer-dolor.
C: ¿Vio Ud. En Nueva York esas películas llamadas “Snuff movies” (en la jerga americana, to snuff = matar) en las que una mujer es cortada en pedazos?
M.F.: No, me parece, según creo, que la mujer es verdaderamente descuartizada viva.
C: Es puramente visual, sin palabra alguna. Un registro frío, con relación al cine, registro caliente. Más literatura sobre el tema del cuerpo: es solamente un cuerpo muriéndose.
M.F.: Eso no es más cine. Eso forma parte de los circuitos eróticos privados, solamente hechos para encender el deseo. No se trata más que de ser, como dicen los americanos, “turned on”, con esa cualidad propia del encenderse que no se debe más que a las imágenes.
C: ¿No es la cámara la dominadora que trata al cuerpo del actor como una víctima? Pienso en las caídas sucesivas de Marilyn Monroe a los pies de Tony Curtis en “Some like it hot”. La actriz seguramente tiene que vivir eso como una secuencia sádica.
M.F.: La relación entre el actor y la cámara de la cual Ud. habla, a propósito de esa película, me parece todavía muy tradicional. Se la encuentra en el teatro: el actor que toma sobre sí el sacrificio del héroe y que lo consuma en su propio cuerpo. Lo que me parece nuevo en el cine del cual hablé es este descubrimiento - exploración del cuerpo que se hace a partir de la cámara. Me imagino que las tomas en estas películas deben ser de gran intensidad. Se trata de un encuentro a la vez calculado y aleatorio entre los cuerpos y la cámara descubriendo algo, haciendo levantar un ángulo, un volumen, una curva, siguiendo un trazo, una línea, eventualmente un pliegue. Y luego bruscamente el cuerpo se desorganiza, deviene un paisaje, una caravana, una tempestad, una montaña de arena, etc. Es lo contrario del sadismo que recortaba la unidad. Lo que hace la cámara de Schroeter no es detallar el cuerpo para el deseo, es hacer levantar el cuerpo como una masa y de hacerle nacer imágenes que son imágenes de placer e imágenes para el placer. En el punto de encuentro siempre imprevisto de la cámara (y de su placer) con el cuerpo (y las pulsaciones de su placer) nacen esas imágenes, placeres con múltiples entradas.
El sadismo era anatómicamente sabio, y si causaba estragos era en el interior de un manual de anatomía muy razonable. Nada de locura orgánica en Sade. Querer retranscribir a Sade, ese anatomista meticuloso, en imágenes precisas, no funciona. O Sade desaparece, o se hace un cine de otra época (”de papá”).
C: Un cine “de papá” en sentido estricto ya que se tiende recientemente a asociar, en nombre de un resurgimiento rétro, fascismo y sadismo. Así Liliana Cavani en “Portero de Noche” y Pasolini en “Salo”. Ahora bien, esta representación no es la Historia. Visten a los cuerpos con viejos atuendos que representan a la época. Querrían hacernos creer que los secuaces de Himmler se corresponden con el Duque, el Obispo, la Excelencia del texto de Sade.
M.F.: Es un error histórico total. El nazismo no fue inventado por las grandes locuras eróticas del siglo veinte, sino por pequeños burgueses de los más siniestros, molestos y asquerosos que se pueda imaginar. Himmler era vagamente agrónomo, y se había casado con una enfermera. Es necesario comprender que los campos de concentración nacieron de la imaginación conjunta de una enfermera de hospital y de un criador de pollos. Hospital más corral: he aquí el fantasma que se encontraba detrás de los campos de concentración. Allí se mataron a millones de personas, así que no estoy diciendo esto para disminuir el vituperio que debe recaer en tal empresa, sino justamente para desencantarla de todos los valores eróticos que han querido imponerle.
Los nazis eran domésticas en el mal sentido de la palabra. Trabajaban con el trapo de piso y la escoba, queriendo purgar a la sociedad de todo aquello que consideraban supuraciones, escoria, basura: sifilíticos, homosexuales, judíos, los de sangre impura, negros, locos. Es el infecto sueño pequeño burgués de la propiedad racial lo que subtiende el sueño nazi. Eros ausente.
Dicho esto, no es imposible que localmente haya habido, en el interior de esa estructura, relaciones eróticas que hayan anudado, en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo, al verdugo con el ajusticiado. Pero era accidental.
El problema que se plantea es el de saber por qué hoy nos imaginamos tener acceso a ciertos fantasmas eróticos a través del nazismo. ¿Por qué esas botas, esos cascos, esas águilas con las que tan a menudo se entusiasman, y sobre todo en los Estados Unidos? ¿No es la incapacidad que tenemos de vivir realmente ese gran encantamiento del cuerpo desorganizado lo que nos hace volcarnos hacia un sadismo meticuloso, disciplinario, anatómico? ¿El único vocabulario que poseemos para retranscribir ese gran placer del cuerpo en explosión, será esta fábula triste de un reciente Apocalipsis político? ¿No poder pensar la intensidad del presente sino como el fin del mundo en un campo de concentración? ¡Vea lo pobre que es nuestro tesoro de imágenes! Y cuán urgente es fabricar uno nuevo en lugar de llorar con las quejas de “la alienación” y de vilipendiar el “espectáculo”.
C: Sade es visto un poco por los realizadores como la criada, el portero de noche, el lavador de ventanas. Al final de la película de Pasolini se trata de ver los suplicios a través del cristal de una ventana. El lavador de ventanas ve a través del cristal lo que sucede en un patio lejano, medieval.
M.F.: Ud. sabe, yo no estoy por la sacralización absoluta de Sade. Después de todo, estaría dispuesto a admitir que Sade haya formulado el erotismo propio de una sociedad disciplinaria, una sociedad reglamentaria, anatómica, jerarquizada, con su tiempo cuidadosamente distribuido, sus espacios delimitados, sus obediencias y sus vigilancias. Se trata de salir de esto y del erotismo de Sade. Hay que inventar con el cuerpo, con sus elementos, sus superficies, sus volúmenes, sus espesuras, un erotismo no disciplinario: el del cuerpo en estado volátil y difuso, con sus encuentros azarosos y sus placeres incalculables. Y lo que me fastidia es que se utilice en películas recientes un cierto número de elementos que resucitan a través del tema del nazismo un erotismo de tipo disciplinario. Tal vez haya sido el de Sade. Tanto peor entonces para la sacralización literaria de Sade, tanto peor para Sade: nos fastidia, él es un disciplinario, un sargento del sexo.
Entrevista de Gérardo Dupont, extraída de Cinematographe.
La Revue de L´actualite cinematographique N 16.

viernes, 19 de marzo de 2010

Claude Cahun. Antología de textos.

Respuesta a la encuesta "¿CUÁL HA SIDO EL ENCUENTRO CAPITAL DE SU VIDA?"
en Minotaure, nº 314, diciembre 1933
Todavía espero de la vida la circunstancia fulminante que, sirviéndome de criterio, me permita dar definitivamente el paso a tal o cual encuentro cuya importancia y significación no han dejado de iluminase, de oscurecerse a mis ojos, de ganar y de perder.
El único encuentro que ha presentado un papel capital en todos los instantes de mi vida se produjo antes de mi nacimiento. Sin duda no se me ocurriría este hecho común, evidente, y que sólo puedo utilizar retóricamente si, desde que yo recuerde, no tiviera el sentimiento familiar, pero siempre irritante, de que mi destino se juega en gran parte al margen de mí y casi sin saberlo.
Esta irritación me lleva a oponer dos términos "fortuito" y "necesario". Desde un punto de vista subjetivo y fragmentario todo me parece idealmente fortuito y examino los innumerables móviles que lógicamente deberían contrarrestar la irrupción de cualquier coincidencia aislada de sus causas. Pero, a poco que me remita materialmente al conjunto de los objetos y a poco que encadene, por fuera de lugar, por desproporcionados, por imponderables que me parezcan algunos eslabones, se impone la necesidad de la aproximación más fortuita. Y lo que todavía se me escapa ya no es nada más que ignorancia.
Tantos encuentros fortuitos-necesarios se producen para cada uno de nosotro, y tan precarios, que el día más bello de nuestra vida, el más triste, bien podrían pasar desapercibidos. Así pues, admitiré que lo viví atravesándolo sin verlo, ese encuentro capital, si nombrarlo así no me indicara suficentemente que no se puede sobrevivir a él.
Claude Cahun. Institut Valencià d´art Modern. Valencia 2001. pág. 203.

El silbo gomero en las crónicas francesas de la conquista de Canarias. "Le Canarien"


CAP. LXV
“La Gomera está a 14 leguas hacia acá, que es una isla muy fuerte, en forma de trébol, y el país es muy alto y bastante llano, pero los barrancos son maravillosamente grandes y profundos. Y el país está habitado por mucha gente, que hablan el leguaje más extraño de todos los demás países de esta banda, y hablan con los bezos1 como si no tuviesen lengua. Y aquí cuentan que un gran príncipe, por algún crimen, los hizo poner en exilio y les mandó cortar la lengua, y según la manera de su hablar parece creíble. El país está lleno de dragos y de otros árboles en gran cantidad y de ganado menor y de muchas otras cosas muy raras, que sería demasiado largo referir”.
1. Alusión al lenguaje silbado, característico de los habitantes de La Gomera

martes, 9 de marzo de 2010

La Rosa de los Vientos.1927-1928.


LA ROSA DE LOS VIENTOS
Una bella canéfora,-acaso la más bella-
rompiendo en el ascetismo de nuestra vida estética,
nos brinda en su canasta "La Rosa de los Vientos"
nacida en el magnífico "Jardín de las Hespérides".
"La Rosa de los Vientos" es un grito rebelde
que señala en el tránsito de esta vida paupérrima
el diabólico instante de quebrar el fatídico
dormitar silencioso de nuestra juventud.
"La Rosa de los Vientos" recobra la infinita
sonrisa inextinguible de sus picos intrépidos
sobre el azul del mar; y el oro de su diáfana
intelectual linterna, simbólica ansiedad.
R. Navarro. Las Palmas, 6-V-27. De "El Liberal".
Cartografía poética de La Rosa de los Vientos nº 2. Mayo 1927.